Haber puesto demasiada atención a los pequeños detalles del viaje tuvo su precio : olvidé cosas mas grandes e imprecindibles. Mi rasuradora eléctrica, desodorante y pasta de dientes se quedaron detrás.
Y esque uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. La primera seña de lo importante que estos utensilios serían vino cuando llegué a Frankfurt y entré al baño para rasurarme y no pude hacerlo. Con una barba estilo ratero del metro seguí mi camino. La segunda, cuando salí del baño en Strasbourg y al buscar mi desodorante, no apareció por ningun lado. Era Domingo. Y los domingos en Europa no abren ni las ventanas! el Lunes entonces, ya algo añejo le pedí a un compañero Americano ayuda para encontrar un lugar en Strasbourg donde comprar lo necesario. Ni tardo ni perezoso me dijo que no me preocupara. "I'll set you right up", he said.
Esa noche ibamos a ir a cenar a
La Maison Kammerzell que dicho sea de paso, es uno de los mejores restaurantes en los que puesto pié. Y graciosamente éste compañero trajo con el una bolsita de papel muy chic con lo que necesitaba y más. La bolsa incluía todo lo que había dejado en casa, -claro en vez de una rasuradora eléctrica un rastrillo- un jabón neutrogena, pasta de dientes con whitening expressions, un shaving cream mango-banana y un moisturizer para la piel con SPF 15. Si, el es gay y no estaba tratando de ligarme porque el tiene su novio. Pero me hizo gracia la atención al detalle que puso. O quizá no, es solo que así son ellos... nunca lo sabré. Le insistí en pagarle el favor (en Euros!) y no aceptó, obviamente.
De regreso, el vuelo de Barcelona a Philadelphia se me hizo inusualmente largo. Me aburrió el libro que llevaba, la musica en mi ipod, el diario, todo. Comencé a notar cosas raras que los otros pasajeros hacían. Entre ellas un Marine (soldado) jugando Mario kart en su laptop cuando seguramente unos días antes arriesgaba la vida en algun lugar de Irak, las caras de la gente que hacían fila para entrar al baño y como algunos erroneamente calcularon el tiempo que les tomaría su turno, el color del oceano y la recurrente imagen de la pelicula Cast Away cuando el avión golpea el agua. Me preguntaba si en este vuelo habría un balón de volleyball, Wilson.
En clase de negocios ya no dan cubiertos de acero desde 2001 pero no pude evitar pensar que el vaso de cristal que me dieron bien podría ser usado como un arma blanca. Lo unico que habría que hacer sería romperlo y voila, un corta-gargantas instantaneo.
Los viajes no serían divertidos sin estos detalles....